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Hokusai: Retrospectiva


Del 26 de agosto al 31 de octubre de 2011

Organizadores
Berliner Festspiele y Martin-Gropius-Bau. En cooperación con la Japan Foundation, con el Centro Germano-Nipón de Berlín (JDZB) y con Sumida City y Nikkei Inc. Con el apoyo especial de la Fundación Ishibashi. Bajo el patrocinio de la embajada de Japón. En el marco de la serie de actividades consagradas a los “150 años de amistad entre Alemanía y Japón”.

Patrocinio Embajada de Japón
Curador NAGATA Seiji

Patrocinadores ASAHI BREWERIES, LTD., DAIKIN INDUSTRIES, LTD., FUJIFILM Corporation, Panasonic Corporation, YAKULT HONSHA CO., LTD.
Con el apoyo de ALL NIPPON AIRWAYS CO.,LTD., Juchheim Co., Ltd.
Colaboradores mediales rbb fernsehen, inforadio, kulturadio, Der Tagesspiegel, Exberliner
Socios colaboradores Wall AG, Dussmann. Das Kulturkaufhaus, KaDeWe, VisitBerlin

En torno a la exposición

Por primera vez en Alemania se dedicará una gran retrospectiva al artista nipón de fama mundial Hokusai (1760–1849). Su obra quizás más conocida es la xilografía “La gran ola en Kanagawa” de la serie”Treinta y seis vistas del monte Fuji” (1823–29). La exposición en el Martin-Gropius-Bau de Berlín reunirá más de 440 préstamos provenientes todos del Japón, salvo pocas excepciones. Seiji Nagata, el conocedor más señalado de la obra de Hokusai, será el curador de la muestra que se exhibirá exclusivamente en la capital germana. El público podrá apreciar trabajos de todos los períodos de la creación del artista, incluyendo xilografías y dibujos, libros ilustrados y pintura.

El magacín “Life” organizó una encuesta el año 2000 para averiguar quiénes eran los artistas más significativos de la historia del arte a escala mundial. Hokusai ocupó el puesto 17, antes que Picasso. La exposición abarcará todo el período creador de Hokusai –más de 70 años–, y permitirá convencerse del genio de este gran pintor y grabador. El artista adoptó más de treinta seudónimos a lo largo de su vida, siendo Hokusai el que lo hizo famoso en el mundo entero. Su nombre y apellido completos son Hokusai Katsushika.

Hokusai nació en 1760 en Honjo, un barrio de Edo que hoy forma parte del distrito tokiota de Sumida. Edo pasó a denominarse Tokio en 1868, tras las Restauración de Meiji. La administración municipal de Sumida planea dedicar un nuevo museo al célebre artista que pasó allí la mayor parte de su vida. Varias partes de la colección prevista para tal museo serán exhibidas en Berlín durante algunas semanas. Muchas de esas obras no habían salido jamás del territorio nipón.

Hokusai y Ukiyo-e (Imágenes del mundo efímero)

El padre de Hokusai era oriundo de Uraga, una localidad cercana a Edo ante cuyas costas apareció en 1853, a los cuatro años de fallecer Hokusai, el comodoro estadounidense Perry con sus Barcos Negros para exigir que se pusiera fin a la política aislacionista (sakoku) que Japón venía practicando desde 1635. Hokusai es adoptado temporalmente por su tío, un fabricante de espejos al servicio de la corte del shogun. A los seis años empieza a dibujar. A los doce estaba trabajando en una de las numerosas bibliotecas de Edo. A los dieciocho es ya un maestro en el grabado de la madera. El grabado en madera a colores se vienen aplicando en el Japón desde los años cuarentos del siglo XVIII y alcanzaron su primer punto culminante en los años noventa gracias de gran parte a Hokusai. Varios artistas se juntaban por entonces para elaborar hasta 70 planchas a color para un solo grabado en madera. Pero a los 22 años de edad, el artista se inclina más por el dibujo que por la xilografía.

Los fabricantes de papel y los editores japoneses habían llegado a un acuerdo inteligente para elaborar sólo dos formatos (oban y chuban) que racionalizaron la producción y permitieron lanzar grandes tiradas abaratando los precios.

Los grabadores en madera modelan numerosas imágenes de bellas mujeres (bijin-ga), de luchadores de Sumo (sumo-e), cuyos rings estaban también en Honjo-Sumida; de actores de Kabuki, cuyos teatros funcionaban en el mismo lugar. Se trata de los Ukiyo-e, las imágenes del efímero mundo del entretenimiento ya que el famoso barrio rojo de Yoshiwara se hallaba también en Honjo-Sumida. Los vendedores ambulantes se encargan de distribuirlas por todo el Japón. El más interesado en adquirirlas es el público burgués. El concepto de ukiyo designa asimismo un mundo inestable en el sentido budista, pues Buda aleccionaba también sobre el carácter transitorio de las cosas. Pero el repertorio de todo dibujante y grabador en madera de aquella época incluía además ilustraciones de flores y plantas realizadas con precisión científica, ilustraciones de novelas –tan solo alrededor de 1780 se imprimieron 650 de ellas– o escritos clásicos como los episodios de la vida del príncipe Genji. Más de un millar de ilustraciones de novelas brotan entonces de la mano de Hokusai.

Los zograscopios y las cajas ópticas importados de Europa allá por 1770 ejercieron una ligera influencia en el arte nipón cuando ya venían entreteniendo al público europeo desde hacía algún tiempo. Los holandeses introdujeron esos artilugios por el puerto de Nagasaki. Los artistas japoneses van aprendiendo a dibujar desde una perspectiva central. Para aplicar dicha perspectiva los artistas eligen casi siempre escenas ajenas al Japón, entre ellas vistas de Holanda. El estilo nipón para representar perspectivas era diferente y procedía de tradiciones pictóricas mucho más antiguas. Las imágenes de las cajas ópticas con sus escenas de múltiples aspectos del mundo entonces conocido infundían al observador la sensación de hallarse en medio del acontecer. Era una especie de televisión global del siglo XVIII. Hokusai diseña él mismo cajas ópticas y se ocupa intensamente de la perspectiva central.

Edo contaba ya con 1,2 millones de habitantes hacia 1700. Hokusai crece rodeado de un público rico y pródigo entre el que abundan los comerciantes y samurais, los daymios (príncipes) y cortesanos. Entre las editoriales no eran raras las tiradas de 13.000 ejemplares. De una sola plancha de madera se podía sacar varios centenares de grabados. Los grabados a colores se vendían por millones. La fama de Hokusai se extiende a sitios remotos gracias a la versatilidad de su estilo. Si bien no fue él el inventor del manga, su libro de bocetos titulado “Manga de Hokusai” es un trabajo ya famoso cuyas reproducciones se venden en todo el mundo. Se trata “meramente” de un manual de dibujo en forma de xilografía que se fue publicando en varias entregas a partir de 1814 a partir de unos 4.000 dibujos confeccionados por Hokusai. El que los contempla hoy en día tiene ante sí un panorama de la vida en el Japón, muy informativo y pleno al mismo tiempo de una finura artística extraordinaria. Se firma que Hokusai llegó a pintar también 150 cuadros, pero no todos se conservan hasta el día de hoy. Algunos se podrán admirar en Berlín, entre ellos un autorretrato.

Hokusai llegó a vivir casi noventa años, setenta de ellos en su fase creadora, manteniéndose activo hasta avanzada edad. Es su epílogo a “Cien vistas del monte Fuji” impreso en 1834, el artista expresa su deseo de ser visto como pintor antes que como grabador o dibujante: “Vengo reproduciendo lo que me rodea desde que tenía seis años. Desde que cumplí los cincuenta he seguido publicando muchas obras, pero todas las que realicé antes de los setenta años carecían de importancia. No fue sino a los setenta y tres cuando empecé a comprender algo de la anatomía del mundo animal y de la vida vegetal. Si hago un esfuerzo seguiré progresando a los ochenta y a los noventa desvelaré los últimos secretos. Y si llego a los cien, mis rayas y puntos cobrarán vida por sí solos. Ojalá que el Dios de los longevos haga que este convencimiento mío no quede en palabras huecas”.

La recepción de Hokusai en Europa

La recepción de la obra de Hokusai en la Europa del siglo XIX ha sido extraordinaria. Ya los holandeses llevaron a Europa xilografías en color y sus pinturas cuando el artista aún vía y tenía tratos con ellos pese al estricto control reinante en el Japón.

Se sabe que Hokusai pintó cuarenta cuadros para el jefe de la legación comercial holandesa en Deshima, capitán Bloemhoff, que la dirigió de 1817 a 1822. Franz von Siebold, un médico alemán oriundo de Würzburg que prestó servicios a los holandeses en Deshina de 1823 a1829, juntó obras de Hokusai que se conservan hasta nuestros días en varias colecciones europeas. Siebold reproduce ya en 1858 uno de sus trabajos en su enciclopedia titulada “Nippon: archivo descriptivo del Japón ...”. Fue así como empieza la marcha triunfal de Hokusai en Europa y Estados Unidos. Ya en 1862 se celebra en París una primera exposición de arte nipón. En 1893, Ernest Fenollosa dedica a Hokusai una primera retrospectiva en el mundo occidental en el Boston Museum of Fine Arts. En 1901 se exhiben más de 600 obras de Hokusai en el Museo de Artesanía de Viena. En 1913 se presenta una gran muestra en París. Una primera biografía aparece ya en 1880 en el mercado europeo y una segunda en París en 1896, escrita por Edmond de Goncourt. En París, la entonces capital artística, la obra de Hokusai y de los artistas nipones amigos suyos está en boca de todo el mundo. Una docena de galerías compiten por comercializarla, más de cuarenta artistas japoneses las representan en Europa, entre ellos Harunobu, algo mayor que Hokusai; Utamaru, un coetáneo, y Hiroshige y Kunisada, ambos mucho menores que Hokusai, por nombrar sólo unos cuantos. Numerosos artistas europeos de la época reciben el influjo de la obra de Hokusai y coleccionan sus grabados en madera: Degas, Gauguin, Jawlensky, Klimt, Marc, Macke, Manet, quien retrata a Zola delante de un grabado japonés, Monet, que colecciona varios cientos de esos grabados; Mucha, Pissarro, Toulouse-Lautrec, Whistler, Valloton, van Gogh y otros. Samuel Bing (1838–1905), cuya galería “L’art Nouveau” inaugurada en 1895 dio nombre a un nuevo estilo que iniciaría su marcha triunfal por toda Europa, empezó su carrera como comerciante de arte japonés. El arte nipón se pone muy en boga en toda Europa y en EE.UU. entre 1860 y 1920. Hokusai, sin embargo, no llegó a disfrutar del éxito de su arte en el continente europeo.

Retrospectiva histórica: la evolución de la ciudad de Edo desde 1600

El shogun Tokugawa Ieyasu, que gobernó de 1603 a 1605, consiguió pacificar el Japón tras una prolongada guerra civil. Su sede gubernativa la establece en Edo, hoy Tokio, lejos de la antigua ciudad de Kyoto, donde residía por entonces el emperador nipón sin ejercer mucha influencia. El estilo de gobierno del clan Tokugawa cabría considerarlo como una dictadura militar, con el shogun como General Mariscal de Campo. El shogun, imbuido de una interpretación muy rigurosa del confucianismo, abogaba por una rígida jerarquía social encabezada por los samurais. Seguidamente venían los campesinos y artesanos, y al pie de la pirámide social figuraban los comerciantes. A estos últimos, sin embargo, no se les ponían trabas para amasar grandes fortunas. Siendo así, con el tiempo llegaron a adquirir el derecho a portar espadas aprovechando la escasez crónica de dinero por parte del gobierno. Los portugueses y españoles, como emisarios de las potencias católicas de Europa, fueron expulsados del Japón por Tokugawa Iemitsu en 1639, tras haber arribado a sus costas unos noventa años atrás. El Japón no quería correr la misma suerte que la colonia española de las Filipinas. Tan sólo los holandeses protestantes que laboraban en el Japón desde 1600 y conocían de sobra a esas potencias católicas europeas recibieron el permiso para mantener una factoría en la pequeña isla de Deshima, en el puerto de Nagasaki, a 1.300 km de Edo. Para los japoneses, Deshima pasa a ser su ventana hacia Europa. El director holandés de la legación comercial tiene que viajar cada cuatro años a Edo para dar cuenta al shogun de la actualidad europea y de los adelantos científicos de este continente. En una isla vecina, los japoneses había abierto una segunda “ventana” donde podían establecerse y comerciar los súbditos chinos. Japón estableció relaciones diplomáticas con el Reino de Corea. El Japón, dentro de su aislamiento, disfruta de una "paz perpetua" hasta el año 1853. El clan de los Tokugawa gobierna el país durante más de 250 años, hasta la Restauración Meiji de 1868.

Fue gracias a una medida precautoria tomada por el shogun Iemisu en 1635 que Edo se convirtió en la ciudad más grande del mundo de ese entonces. Como no se fiaba de los príncipes del país, los más de doscientos daymios, los obligó a establecer una residencia en Edo. Las familias, sobre todos las esposas y los primogénitos, estaban obligados a permanecer en Edo como rehenes aun cuando los príncipes se mantuviesen en sus provincias de origen. Los daimyios tienen que acudir a Edo cada dos años para entregar onerosos regalos y rendir cuentas al shogun. Su vida se complica por eso de tal manera que no tardan en empobrecerse.

Para Edo, en cambio, el sistema de residencia forzada resulta ser un gran plan de promoción urbanista. Artistas de todo el Japón concurren a la capital para engalanar palacios, ilustrar libros o pintar. Edo pasa a ser por ello un centro no sólo económico, sino también artístico del país.

El rango de un daimyo se fija por entonces en la cantidad de arroz que llega a cosechar en su provincia. Se cuenta que uno de los más ricos cosechó cinco millones de fanegas de arroz. Muchos daimyos prefieren vender el arroz por lo engorroso que les resultaba pagar con sacos de arroz. Esa fue la gran oportunidad de los comerciales de Edo, que pagaban el arroz con monedas de plata y lo almacenaban en grandes silos en las riberas del río Sumida, donde hoy se encuentra el distrito del mismo nombre. Así se hicieron muy ricos.

Es en esa zona portuaria en las riberas del río Sumida donde vivía el artista Hokusai, rodeado de ricos comerciantes arroceros y otros ciudadanos que podían disfrutar del arte, los libros y la poesía. En los años noventa del siglo XVIII, cuando Hokusai frisaba los treinta años, el analfabetismo alcanzaba un 70 % entre los hombres y un 50 % entre las mujeres. En 1808, Edo cuenta con 600 bibliotecas. Los libros se publican en tiradas muy grandes para las condiciones de la época. Edo es una ciudad en la que abundan los lectores y los conocedores que saben apreciar los libros ilustrados, los grabados en madera a color y la pintura. Esa inquieta y millonaria urbe fue un paraíso para los artistas contemporáneos de Hokusai.
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